El Economista que Más Sabe de Drogas en Colombia

Redacción El Tiempo
24/3/2015
Fuente: El Tiempo

“La perseverancia para hacer lo que a uno le gusta es tan importante como ser pilo y sacar las mejores notas”. Así piensa Daniel Mejía Londoño, economista de la Universidad de los Andes y doctor en Economía de Brown University (EE. UU.), quien recibe este miércoles el premio Juan Luis Londoño, que entrega el centro de estudios económicos Fedesarrollo.
Esa frase apunta a su desempeño como estudiante, pues nunca hizo parte de los mejores del curso, habilitó álgebra en noveno para pasar el año y que no lo sacaran del colegio, y cree que la última vez que izó bandera fue en primero de primaria.

Este bogotano, que nació en 1975, proviene de una familia del Eje Cafetero. Estudió en el Liceo de Cervantes Norte, un colegio católico muy estricto, a su parecer.

Quiso estudiar Finanzas y Relaciones Internacionales en el Externado pero no fue aceptado, por lo que se matriculó en Economía en Los Andes y allí descubrió sus verdaderas pasiones. (Visite el especial: Los rostros de la droga)

“Después de ver Introducción a la Economía Colombiana con Tomás González (actual ministro de Minas), me entusiasmé tanto con la economía que decidí quedarme en Los Andes. Es la diferencia que un buen profesor puede hacer al principio de una carrera”, dice Mejía.

Cuando estaba en sexto semestre comenzó la práctica en el Banco de la República y a trabajar con Carlos Esteban Posada, el mentor de varias generaciones de economistas en Colombia como Juan Luis Londoño y Alejandro Gaviria (ministro de Salud).

Fue desde su trabajo en el Banco de la República donde empezó a ahondar en los temas de criminalidad y violencia.

“Mi tesis de maestría la hice sobre el secuestro en Colombia, y luego con Carlos Esteban Posada escribimos un trabajo sobre los efectos de los ataques a la infraestructura del país sobre el crecimiento económico”, agrega Mejía.

En tono jocoso afirma que Pascual Restrepo, su estudiante, amigo y socio intelectual en la agenda de investigación por la que hoy le dan el premio, un día dijo en chiste que él era la persona que más sabía de drogas en Colombia, sin producirlas ni consumirlas, a lo que Mejía aclara con modestia que lo primero es falso, pero lo segundo no.

En el año 2001, salió del país para hacer un doctorado en la Universidad de Brown (Estados Unidos), donde también trabaja con Herschel Grossman, con quien escribe su primer trabajo sobre la guerra contra las drogas en Colombia.
Políticas antidroga

Desde su regreso a Bogotá, primero en el Banco de la República y a partir de 2007 en la Facultad de Economía de Los Andes, continuó sus investigaciones, en particular, de tratar de cuantificar y entender los efectos de las políticas antidroga implementadas bajo el Plan Colombia.

Al respecto, sostiene que se ha mostrado que algunas de esas políticas han sido extremadamente ineficientes y costosas, como las aspersiones con glifosato.

Por eso no duda en reiterar que él no escribe sus trabajos para hacer amigos (tampoco enemigos), y que cuando le ha tocado dar la pelea por defender la rigurosidad e independencia de sus investigaciones, lo ha hecho sin vacilaciones.

Dice que, por fortuna, siempre ha contado con el respaldo de la Universidad y de las personas que conocen su trabajo.
Y afirma que personas vinculadas al Gobierno como el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, siempre han sido respetuosas de estos trabajos y han dado un debate abierto.

“Hoy estoy trabajando con él como asesor en los temas de seguridad ciudadana. Cuando hablamos la primera vez de la posibilidad de asesorarlo, lo primero que me dijo fue que él no necesitaba un asesor externo que le dijera que todo estaba bien, sino alguien que le dijera, de manera directa, qué políticas no estaban funcionando y cómo podían mejorarse”.

Para Mejía, ganar el premio Juan Luis Londoño es tal vez el reconocimiento más importante que hay en el gremio de los economistas académicos.

“Juan Luis fue mi profesor en la maestría en Los Andes; su energía era impresionante; era una máquina de producir ideas y de asegurarse que se ejecutaran para mejorar la vida de las personas menos favorecidas. Él repetía siempre que la historia solo recuerda a los exagerados. Creo que tenía razón: hay que seguir dando las peleas y ser intenso para algún día lograr vencer la inercia de ciertas políticas públicas ineficientes y costosas” sentencia Mejía Londoño.

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