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Riesgo electoral y el posible “voto fusil” en las elecciones presidenciales de Colombia, 2018–2026

Michael Weintraub

Colombia ha votado bajo la sombra de la violencia durante su historia democrática reciente. Entre 2018 y 2026 el país eligió presidente tres veces con actores armados activos en buena parte del territorio, del ELN a las disidencias de las FARC, y cada ciclo revivió la misma sospecha: que esos grupos moldean cómo, o si, vota la gente en las zonas donde operan.

La sospecha tiene una base histórica real: la parapolítica de la década de 2000 mostró que actores armados sí buscaron capturar resultados electorales en el pasado, y una acusación de este tipo tiene un peso político considerable: puede poner en duda la legitimidad de una elección entera.

Pero también existe una explicación más sencilla y menos alarmante: los municipios donde operan estos grupos comparten otros rasgos que por sí solos generan patrones de votación diferentes, sin que medie coerción alguna. Distinguir entre estas dos explicaciones exige algo más que observar dónde coinciden el riesgo armado y la votación atípica; exige una prueba causal. Este documento ofrece esa prueba, con datos de las tres elecciones presidenciales más recientes.